miércoles, 14 de enero de 2015

A la acuarela


Me dijo que le gustaba porque no era agresivo, porque era un dibujo lindo y delicado. Uno de los personajes era tímido y el otro trataba de seducirlo ansiosamente, pero era sutil. Eso, me dijo, era lo que le gustaba.
Me preguntó si era acuarela. "Nop", canchereé, "es óleo aligerado, trabajado como acuarela". Habrá pensado lo que, con el filtro de los años, pienso ahora yo ("¿no es el mismo resultado, acaso?"). Pero fue delicado y no lo dijo. Qué lindo, me dijo. Me gusta, me dijo. Y fue afable, dulce y aterrador.

Me gusta porque ella no es agresiva como en tus otros dibujos. Eso me dijo. O sea que para él, la figura seductora era femenina. Si le cobraba a precio de terapeuta nuestras charlas, ¡me llenaba de guita!

Estaba bueno eso, que me hablara desde adentro, que se abriera, que me contara cosas que capaz no se animaba a contarle a nadie más. Que mirara mis dibujos y me hiciera esos comentarios que, más que de los dibujos, hablaban de él.

Extraño un poco eso. Un poco mucho.

El mundo ha perdido un poco de magia.

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